sábado, 12 de octubre de 2019

Hijos de la Luna

Cuando escribo lo hago por un motivo, por un impulso que duerme debajo de las historias. Luego ese motivo se desvanece porque una historia se escribe para contar cosas, no razones, y ese disparador se va a dormir a la cueva de la que salió. La historia que se balancea en mis manos nació mirando a la luna y como tal debe terminar.

Quedan un par de páginas por engarzar, un final que debe ser cerrado o abrirlo a la locura de un mal sueño, faltan un par de lecturas por encima para oír el ritmo de las palabras cabalgando el viento, una corrección ortotipográfica exhaustiva y detallada, otra mirada a la eterna vigía de mis desvelos, la luna que desde su altura me seduce con su brillo y me empuja a una espiral de letras que terminan cada noche esparcidas por la cama buscando la forma de reencontrarse en forma de frases.

Una obra, que mucho tiene que ver con con la noche, con lo cotidiano y con el culto mistérico. En el trasfondo siempre la luna eterna, cambiante, mostrando su poder sobre las mareas, sobre las cosechas y sobre la energía y el espíritu humano.

Empecé a escribirla, recuerdo, durante la Luna de Sangre o Luna del Lobo, el rojo del satélite me bañó de lleno y recuerdo esa noche aporrear teclas como un loco hasta bien entrada la madrugada. Luego ha seguido evolucionando, y he tomado la referencia de las siguientes lunas (Luna Azul, Luna de las Flores, Luna de Fresa, Luna de Maíz, Luna de la Cosecha,…) Cada una con sus peculiaridades, sus energías y sus emociones me han arrastrado por un proceso mágico, no siempre atractivo, pero siempre en búsqueda constante de lo oculto, de lo que nadie quiere contar.

Hoy es Luna del Cazador o Luna de Vino y sigo empeñado en sacar esquirlas a unas frases que ya no dan más de sí porque lo han dicho todo. Estoy deseando que llegue la Luna Fría, la que coincide con el solsticio de invierno para echar el largo manto de la noche sobre nosotros hasta cerrar el año, los ojos y las heridas del alma. Son las noches de Luna Fría las más largas del año así que espero su influjo para leer simplemente, disfrutando del sabor de cada palabra, disfrutando de las horas de solitaria vigilia desgranando el proceso creativo con la seriedad de un niño, con la lentitud de un anciano.

Un viaje al lugar que ya nos descubrió Julio Verne, y por sus referencias el mago del cine Meliés. El astro que inspiró la obra de Stanley Kubrick “Una odisea en el espacio” y su inolvidable apertura con música de Strauss. Un paseo intensamente escrito por Julio Cortázar en su “Breve curso de oceanografía”.

Espero que la luna continúe allí arriba con oficio de musa, siendo el faro que alumbre las noches durante todo el proceso de creación y  tenga consideración con este beso que le dedico para convertirla en una de mis hijas predilectas.



No hay comentarios:

Publicar un comentario