domingo, 31 de marzo de 2013

Sangre de dragón

Sin ánimo de entrar en spoilers y discusiones acabo de confirmar, aunque mi doctora lleve meses recordándomelo, que pertenezco a la estirpe de los Targaryen. Poco a poco las escamas han ido cubriendo mi cuerpo, endureciéndose en las zonas más idóneas y haciéndose fuertes aferradas a la epidermis. El invierno llegó, vio y venció. Probablemente la soriasis debería llamarse la enfermedad del dragón porque cuando la padeces el picor te hace hervir fuego del estómago, hacen que tengas ganas de devastarlo todo a base de llamaradas y luego quieras huir a una cueva a lamerte las heridas.
Tras bucear en archivos de ficción y viendo que esto se ha convertido en un castigo eterno, al más puro estilo Sísifo, han conseguido que al final reflexionara, me resignara y tomara la determinación de ser, eso, un dragón. Un dragón en la fase tras la cual, cansado o herido de la guerra diaria y de príncipes encantadores y su séquito de funcionarios pomposos, se dispone a buscar refugio en un gruta lejos del mundanal ruido y rodeado de sus tesoros. En mi caso, lejos de almacenar monedas de oro o, por contemporaneizar, billetes de dólar, las montañas que hacen mi lecho son de papeles y libretas con el único fin de permanecer enroscado haciendo espirales infinitas sobre escritos, dibujos y un estradivarius de cuerdas rizadas.
El fuego de la batalla aún arde en mis pulmones, el humo hace señales, pero las escamas caen y me vuelvo vulnerable. Quizás no nos veamos en algún tiempo, estoy a punto de tomar un buen descanso, una siesta larga, una petit morte y una póstuma cita con el fénix. 
Hasta pronto. 



viernes, 22 de febrero de 2013

Y tú... ¿de qué lado estas?


Hola, soy tu lado racional. Yo consigo que te concentres, que funciones como un reloj. Soy el que te viste por las mañanas y te prepara el... Hola, yo soy tu lado emocional, el tornado que interrumpe, el que solo se escucha a si mismo, el ególatra soberano que siembra caos en tu mente. Soy el auténtico conocedor de tus mas oscuros deseos y puedo hacerte caer una y otra vez en la concupiscencia más absoluta y volverte un auténtico adicto, un hedonista de lencería cara y mantel de cuadros... Bien, cuando yo consigo arrebatarte el control equilibro tu salud, tu autoestima y tu honestidad. Organizo tu vida, planifico tus días, proceso mil posibilidades por segundo... Siempre y cuando tus debilidades no afloren, ese es mi reino, allende las emociones...Yo decido qué eres capaz de controlar... Soy el eterno desborde, busco tus cualidades y las exploto ante tu cara, barajo tus talentos y me guardo un As en la manga, pongo tus pies al borde de un abismo... Y luego busco el paracaídas para evitar las represalias de tus frustaciones, soy tu ángel... Soy tu demonio. Yo pongo la venda en tus ojos, te muerdo el corazón, chupo tus dedos... Algún día te haré entrar en razón... Y te convertirás en un puto ser gris, castrado emocionalmente... No hagas caso. Soy tu Sol, te ilumino el camino. Te enseño a comprender las leyes básicas de la vida... Sin embargo bailo en la oscuridad, soy tu noche y puedo llevarte a donde nadie más puede hacerlo, cabalgo encima de tus miedos...  Porque señalo a tus enemigos, ilumino el reto a conseguir, el camino más corto... Prefiero tomar senderos más intrincados y disfrutar del paisaje. No way. Todo puede esperar menos el ahora. No todo en la vida es dinero, trabajo, éxito...ocio, procrastinación, duermevela son lujos caros que debes evitar... Que aportan altas dosis de frescura a tus más excelsas cualidades ligadas a la cultura y la educación... Tú decides...Tú decides... Puedes ser un investigador dedicado, un gran orador, un versado traductor, incluso catedrático o especialista en marketing... Honesto vendedor de humo a tiempo parcial o político apostólico...Sin dejarte llevar por el lastrado inconveniente de... La creación, ensuciarte las manos de borrones de tinta, pintar sueños con la paleta de tus fluidos favoritos (sangre, saliva y semen), sumergido en tu música hasta los genitales, provocando un onanismo salvaje en clave de sol... Una vuelta al buen salvaje... Un principio de docilidad, tolerancia y sensibilidad... Epítetos todos de la mediocridad, la bohemia y la locura. Sigue mis dictados y serás fuerte, calculador, inflexible, dominante, insolente, soberbio, competitivo, ganador... Y terminarás tus días solo sobre un campo de batalla alfombrado con los cráneos de las víctimas que pisaste... ¡Yo soy el bien! ¿me oyes?...pues yo soy el mal, pero te hago bien... Pensándolo bien, yo te hago bastante mal...

No somos vencedores ni vencidos, somos balanzas en continuo equilibrio. Cuando más crees que perteneces a uno de los extremos, el otro viene a hurgarte en la herida.

jueves, 14 de febrero de 2013

Resumiendo...


No es que quiera pregonar ahora, en plena madurez mononeuronal, una teoría cuántica, sesuda, café sólo y kilo y medio de hojas grapadas. No es eso.
Ni siquiera pretendo que esto lleve a tardar más de 45 segundos, espacio de tiempo considerado suficiente para que la atención se centre en otros teoremas menos exigentes, que si tengo que comprar bombones o llamar para pedir cita con mi micólogo de urgencias.
Mi teoría de hoy será tan tuiter, tan yogurt de por la noche, que pretendo, que pretendo dejar más de una neuronilla dando tumbos de incomprensión. Atento. Creo firmemente... Estoy casi seguro de... Me afirmo en... que ha pasado un ángel en el transcurso de tiempo entre que yo empiezo a desparramar jeroglíficos sin ínfulas de cum laude, más pereza de humo de cigarrillo, más flojo que un muelle guita, y tú terminas de leer la pantalla con cara de satírico escarmiento. Al menos me dio tiempo de hacer un dibujín entre la fideua sosa y el pollo salado, todo en este mundo lleva un equilibrio probado. Probablemente el ángel que pasaba era San Corte Inglés, con su oferta 2x1 de bombones, en dirección a tu bolsillo, donde anidan las gaviotas.
Lejos de intentar torpedear la industria chocolatera, mi intención es convertir ese rojo que te quiero sangre en una llamada al Caos y a la afasia, pongamos la torre de babel a la inversa, un sofrito de verdades, un genio que no encuentra su locura o un mundo de locos que no demuestran su genio. Mientras tanto unos ponen cara de libro y otros risa de joker.

viernes, 1 de febrero de 2013

¿Políticamente correcto?


Esta vez me he quedado como los bancos de este país, no doy crédito. Como tantas personas que vivimos en nuestra nube me he vuelto a quedar sin agua de tanta que está cayendo en los bolsillos de la corrupción chabacana de unos cuantos. Sin embargo esos cuantos se han gastado unos cuartos en callar a unos cuantos más, al parecer la ley de vida de este país de poderes mediocres. Probablemente, llegada a esta reflexión, me doy cuenta de que el problema reside en que los grandes honestos que abundan, no todo es mierda, no aguantan los codazos ni los pisoteos de pasillo de colegio que se dan en los ministerios y sedes de este país porque gobernar entre necios y mediocres debe ser un desaliento hasta para el más grande de los genios.

Y así sucesivamente, el poder ha pasado de ambiciosos sin talento dejando por alto la cualidad más necesaria en alguien de ese calibre. El carisma. El carisma brilla por su ausencia y dados los tiempos que corren y el acomodo de los grandes tiranos, ya sean empresarios o políticos, ha servido para nutrir en las cabezas de chorlito que todo intento de carisma sea extinguido en el acto. Didácticamente lo podríamos metaforizar en el ataque de las hienas que rondan en los prados hasta que el signo de debilidad del león se convierte en el aliciente para atacar y destronar a  la fiera. O al elefante si nos ceñimos a términos borbónicos.  Esto nos ha llevado a dejar de ser leones para convertirnos en ovejas de redil y pensar que la vida no permite retar a la mediocridad y mirar a los ojos al poder. Pero, esto no es más que mi pequeña opinión, creo que nos equivocamos en dejarnos llevar por la ira de grandes manifestaciones y enormes destrozos. Todo cambio enorme parte de pequeñas acciones, de ponerse a prueba cada día, de mirar diez metros más allá, pensar lateralmente y enfundarse de una honestidad a prueba de bombas.

El término “político” ha tocado fondo en este país, la demagogia ha engordado tanto que se sale de las fronteras y sin duda alguna si hay una crisis en este país es de ideales. Llegó la hora de los nuevos ideales, de los utópicos. De hacer un nuevo mapa mental de lo que somos y de lo que queremos llegar a ser. Mi patrón me dicta que hay que armarse de una honestidad salvaje, de no dejar correr una brizna de aire entre tú y el que se muestre superior a ti, de denunciar en silencio, de tú a tú y con la mirada inyectada. De formar células unidas por la honradez y usar anticuerpos carismáticos y con la cultura como baluarte. Líderes, al fin, que merezca el pueblo. Pero no el pueblo que pone la mano y retira los ojos sino del que castiga con los ojos y retira la mano. El pueblo que debería gobernar. Como el pueblo que destronó la corrupción en Islandia y cuyos méritos han sido tan sofocados por los medios de este país de cobardes y villanos. Hay un pueblo debajo de las madrigueras, hay un corazón en cada uno de esos pechos y, en definitiva, hay una vida que hay que ganarse.

martes, 15 de enero de 2013

El misterio de la vida



Supongo que nos acercamos un poco más hacia el misterio de la vida el día que tenemos un hijo. Cualquier acto de creación desinteresada y efímera se convierte por sí mismo en la búsqueda de la vida y sus misterios mientras más te hayas adentrado en la oscuridad con la intención de encontrar en algún lugar la luz más allá de los tubos de neón y las bombillas de bajo consumo.

Enfrentarme al lienzo vivo se ha convertido para mí en un acto de comunicación con un futuro inmediato, un decir sin palabras lo que hace años que digo y al fin trazar una línea paralela entre dos generaciones, la que habita y la que pretende habitar. La primera pregunta que viene a mi mente es si el futuro habitante habrá encontrado su sitio en el pequeño planeta que le empasté sobre la piel que le hace de muro ante la vida, ¿habrá encontrado sentido a las líneas, los colores y las formas para hacerse una imagen cognitiva de lo que habría de encontrarse fuera? ¿Estamos todos preparados para salir de la caverna y enfrentarnos al mundo de las ideas o vivimos eternamente viendo las sombras que planean sobre nosotros? Estas y otras preguntas solo estamos condenados a percibirlas con los ojos del alma porque son verdades ciegas.

Este pequeño mundo y otros muchos sólo son visibles a los ojos que los contemplan, pero existen igual que existen las diferentes capas de una misma realidad. Cuando navegamos a la deriva de nuestros propios pensamientos no es sino que estamos nadando en el líquido amniótico de nuestra materia gris y sabemos que en el fondo de nuestra mente podemos ser todo lo niños o todo lo viejos que queramos ser, ahora y mañana, y si somos capaces de hacernos una idea de la imagen a la que queremos aspirar no hay razón alguna para no serlo mientras no dejemos de andar detrás de esa idea. Nos alejamos cuando nos paramos, nos acercamos cuando nos caemos. Nunca es tarde, nunca está lo suficientemente lejos. Si nueve meses son suficientes para crear una persona, nueve meses puede ser el tiempo justo para convertirse en una persona nueva si dedicas esas más de seis mil horas en dar pequeños pasos en busca de esa nueva realidad y si no… ¿Quién cree que Dios se dedica a jugar a los dados con el universo?

Divagando por estos derroteros creo que el arte, lejos de lo algunos inculcan y practican como un acto de defecar o un hacer en cadena, se parece más al gran acto de dar a luz. No vale cualquier cosa, no vale cualquier momento. Solo hay una oportunidad de hacer la gran obra y debemos ser conscientes de que no hay muchas obras sino un solo todo, un seguir practicando para modelar esa vida en la que se nos ha delegado para llevarla a buen término, reconocer que no siempre podrás responder por ella pero ser lo suficientemente constante y honesto para saber que te has dejado la piel en cada momento, cuando lo has disfrutado y cuando has llorado en silencio porque no sabías como seguir.

viernes, 14 de diciembre de 2012

El Apocalipsis Maya

En uno de esos sueños recurrentes en los que suelo entrar cuando caigo en un estado febril provocado por virus mayas, que se alinean de forma macabra en el estómago, se me apareció Quetzalcóatl.  No estoy seguro si era una deidad, un antiguo caudillo o un simple ciudadano de a pie de aquella milenaria estirpe. No me enseñó su rostro. Pero lo que si me enseñó fue el verdadero significado de su profecía.

“Es cierto, llega el Apocalipsis. Pero presta atención a mis palabras… - Decía Quetzalcóatl en tono serio -  porque para que haya un nuevo principio tiene que haber un fin. Lo que los míos tratan de decir con sus cábalas es que se acaba el reino de los injustos. Que las nubes de tormenta tronarán de aquí a la eternidad sobre las cabezas de los ruines y ahogarán todas sus ideas. Llega el amanecer de los justos, de los honestos y de los soñadores. La mejor espada para esta lucha será la Palabra, el Grito, la Denuncia. Los mejores escudos serán el Arte, el Conocimiento, el compartir Boca a Boca. Volveréis a fabricaros armaduras de Cultura, aunque tengan que ser hechas a base de retales recogidos en las calles, porque el Arte sale de las calles, no de los palacios. Y volveremos a levantar catedrales del Conocimiento porque para eso el pueblo es sabio y no dejará que una civilización desaparezca, como la nuestra, por culpa de unos malos consejeros, unos malos líderes que se han elegido entre ellos casi por mandato divino, como los nuestros.”

Mientras me lo contaba, miraba a la luna y las telas se mecían con las primeras brisas del amanecer. Yo estaba empapado en sudor enredado entre las sábanas y no lograba encontrarme dentro de mi sueño, o quizás era una proyección de su sueño. Había perdido toda perspectiva. Volví a oír la voz de Quetzalcóatl.
“Es la hora de repartir los dones para la humanidad. No como propósito de año nuevo, sino como regalo para la nueva era… Doy a escritores comprometidos  palabras más afiladas que la guadaña de la muerte, y dardos de emoción a los versos de los poetas. Doy paz y nuevas fuerzas al trabajador incansable y más sabiduría a los que enseñan a nuestros vástagos aunque se hayan quedado sin aulas donde predicar con el ejemplo. Doy notas, acordes y talento a los músicos que no llenan estadios pero cantan en las calles las nuevas buenas que han de venir, porque ahora las calles están llenas. Doy torbellinos de energía a todo el que dance descalzo porque sus pies estaban cansados. Doy caminos al caminante y senderos a los perdidos. No doy nada al que mucho tiene y lo ha comprado con dinero. Doy la palma de la mano negra al que se ensució cogiendo lo que no era suyo, al que tomó y no pidió. Doy el grito al que vio algo que nunca debió suceder. Quito todo y no doy nada al que se enardeció de ser más que los demás. Quito el oído al que no quiso escuchar. Doy manos calientes y sanadoras a todo aquel que fue parte de la Marcha Blanca, por el bien de los enfermos y que no dejó nunca de sanar las heridas de los demás. Doy tesón, fuerza y pundonor al que siguió investigando, buceando en el Conocimiento, buscando salidas a pesar de dar pasos en la oscuridad. Y lo que es más importante y no abunda en vuestras leyes, doy la posibilidad a todo aquel que se sienta excluido de esta lista que ingrese en ella buscando un hueco de la forma que mejor le apetezca y por ello será bien acogido, tratado y aconsejado. Doy paz a las madres que no dejan de pensar en sus pequeños y a los que hacen trucos de magia doy papel y lápiz para que no escondan sus secretos y hagan sus trucos a la luz del día y para divertir, nunca para engañar.

Ese es el tipo de gente que sustentó a nuestro pueblo, los que hicieron grandes y milenarios a los mayas, los que amasaron el conocimiento, los que hablaron a otras civilizaciones de sus prójimos y escribieron cosas encriptadas para que solo gente como ella pudiera leerlas. El resto de cosas, llámese apocalipsis, alineaciones de planetas y demás parafernalia son sólo cuentos para asustar a los niños a la luz de una hoguera.”

Mientras decía esta última frase, Quetzalcóatl empezaba a diluirse y desapareció con el primer rayito de sol que entró por mi ventana. La fiebre había desaparecido y aunque aún sigo teniendo malestar de estómago, mi único pensamiento en ese momento se centraba en que si ese es el Apocalipsis que nos espera… ¡Estoy deseando que llegué!


lunes, 20 de agosto de 2012

¿Regalo o castigo?


Esa premisa siempre fue un motivo de disputas en mis círculos que me llevaban con cierta vehemencia a sentenciar con la cruel comparativa del vaso medio lleno o vaso medio vacío. Cuando ves que ese símil esta fuera de lugar, bien porque no queda agua en el vaso o el vaso se ha convertido en un amasijo de cristales rotos, me surge otro símil que dice que cuando el sabio señala la luna solo el necio mira al dedo. Puede inducirnos a error pensar que el bien y/o el mal depende única y exclusivamente de nosotros mismos, podemos pensar que nuestras capacidades, nuestra ética y moral o nuestros conocimientos pueden ser la línea que separa éxito de fracaso, victoria o derrota y, en definitiva, regalo o castigo. Indagando en mi manual de filosofía de bolsillo, o salteado de verdades universales que sirven única y exclusivamente a un servidor, saco de mi chistera un viejo truco de cartas que alguna vez hice en público, el de ahora estoy arriba y ahora estoy abajo, y veo que, como muchas cosas de esta incesante y taquicárdica vida, ya ha quedado obsoleto y anclado en un vulgar rincón de mi mente.
Volviendo al cauce de lo que me movía a desparramar de esta forma un carril de palabras, un rastro de migas, sobre si la vida es un regalo o un castigo me retraigo a la acción de observador y me reafirmo en la función de bardo, que fue lo que me trajo a este espacio compartido para contaros una historia más allá de los sueños. El relato empieza así: el principito creía que vivía solo, en su casa y en su mundo. Cuando creía que conocía su mundo llegaron los problemas en forma de baobabs, luego el aviador, la serpiente y empezó a conocer diferencias buenas y malas con su mundo alternativo. Siguiendo la estela de Saint-Exupèry continuaría el siguiente fragmento: ...un buen día el principito recibió la visita de un hombrecillo montado sobre un artefacto que se asemejaba a un planeta por arriba y un engranaje de relojería por debajo y se columpiaba en un continuo vaivén sobre el planeta del principito.
¡Para, qué me vas a marear!- dijo el principito. El hombrecillo, que lucía chistera y bufanda le sonrió y respondió- No esta en mi volar más alto ni más bajo, correr o parar. Somos péndulos. Vamos o venimos y todo lo contrario. Los que se paran, tarde o temprano se ponen en marcha, para bien o para mal ya sea por acción intrínseca o empuje extrínseco. Si estoy aquí es en gran parte un cúmulo de casualidades al igual que tú.
El principito, que no había asimilado el caudal de información que le llovía, asintió y dijo meditabundo - Yo siempre he estado aquí. Eres tú el que se mueve.
El hombrecillo se quitó el sombrero, se rascó detrás de la oreja y sentándose sobre la hierba de su planeta péndulo dijo suspirando- Tú y solo tú, eres el centro de tu propio equilibrio. Aprende a mantener tu propio equilibrio y cuidate de apoyarte en el equilibrio de otros péndulos porque pueden ocasionar un desequilibrio en el tuyo. Eso no significa que te alejes en cuanto veas venir otras trayectorias pendulares porque para conocer tu propio equilibrio habrás tenido que conocer el miedo a la caída, el vértigo y la velocidad a la que ruedan otros, más rápidos, más lentos y entonces empezarás a conocer tu tempo. Yo aún ando ajustándolo.
El principito se tocó el cuello visiblemente afectado por el vaivén del hombrecillo, Se tumbó sobre la hierba y respondió sonriente- Me alegro de que al fin me hayas enseñado algo.
-¿A qué te refieres?- Respondió el hombrecillo.
- A que a cada persona, independientemente de su tempo y de su orbita, hay que mirarlo de la forma que mejor nos siente. Y la mejor forma de verte es estar tumbado sobre la hierba sin moverme.
El hombrecillo rió a carcajadas y asintió. Luego añadió mientras se alejaba, o bien era el principito el que lo hacía,- El que se alegra soy yo, que sin ánimo de enseñar aprendo y y todo lo que aprendo lo recito y al mismo tiempo agradezco lo que me dices de lo que digo y admiro lo que aprendiste de lo que no se dijo.