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lunes, 3 de diciembre de 2018

Letras que van a Tetuán

Una vez más, con mi maleta de sueños, un par de versos guardados en un bolsillo, un par de garabatos de romper el hielo y muchas ganas de conocer nuevos horizontes me encuentro de nuevo en lugares que la mente no alcanza a comprender hasta que lo vives.

En tiempos en que la voz del pueblo declama sangre y quiere cercenar cabezas, se oye un murmullo de fondo con claros tintes populistas y una letanía que viene de lejos con retazos de estupor  sexistas y racistas. Mientras las urnas se llenan de veneno, yo vivo y respiro, y viajo, y me dejo nutrir por los dictados de mi corazón.

Este domingo mi cabeza, mis letras, mi amor por el arte, se han ido a Marruecos, a un Tetuán que aún suena a español vestido de chilaba. A un festival de poesía hispano-marroquí, a tirar un gancho al otro lado del estrecho, a conocer a un poeta, Ahmed Mgara, con una cartera también llena de sueños, de ideales y más conocimiento de la cultura española que muchos españoles, mal que le pese a algún lector patriota, porque si Andalucía se caracteriza fue por ser cuna de la poesía.

Andalucía está en el romancero de Lorca, las palomas de Alberti, el culteranismo de Góngora, las Rimas de Bécquer, o el Platero de Juan Ramón Jiménez, un premio nobel de literatura poeta y andaluz, o Vicente Aleixandre, ¡anda, otro premio nobel de literatura, poeta y andaluz! Todas voces que han reclamado libertad, igualdad y los valores de un pueblo humilde y trabajador. Pero no solo ellos, Andalucía es ellas (la hora azul de Josefa Parra, los PrOblEMAs DE un desAMOR inMORTAL de Libertad Córdoba, la poesía de la experiencia de Ángeles Mora, la Bella Varsovia de Elena Medel y entre todas ellas Fernán caballero, una mujer que decidió vestirse de lobo y triunfar como poeta entre los lobos).

Volviendo a mi presente y al festival tengo que sentirme agradecido de haber podido participar en este evento gracias a la invitación de Rocío, la seño de flamenco, compañera en la Universidad Popular y amiga, que me ha abierto las puertas de este viaje y me ha dado las llaves del corazón del maravilloso grupo de baile de Chari Expresati, Eli, Lydia, Marilo, Alba, Ali, Silvia, Noelia, Mercedes, sois todas maravillosas, y la asociación “Amigos del fandango de punta y tacón” que me ha acogido como una familia y que hizo de este viaje no solo un placer sino un evento iluminado por la ilusión y la alegría, las risas han estado aseguradas :D

Un gustazo también conocer las letras de otro poeta de mi tierra, su voz y su música que abría esta noche de magia que el grupo de baile remató al ritmo de Almoraima y Entre dos aguas. Una noche para contar de un viaje para recordar.

Si viajar a Tetuán es un regalo, ir por motivo de un festival de poesía donde la figura a homenajear es Paco de Lucía es un auténtico honor, pero si encima eres afortunado de participar en una antología hecha para la ocasión, te invitan a subir al escenario para recitar algunos versos y a la vuelta vienes con los bolsillos cargados de flamenco y amistad, entonces señores la solución de este mundo pasa por dejar las banderas tranquilas escuchar más flamenco, leer más poesía, sonreír más y estrechar lazos con los de tu alrededor, los de enfrente y los de un poco más allá.

Usemos la poesía para aligerar el alma y dejemos de levantar muros en nuestra mente.



Dibujo en directo de Juanjo Argolla y Pañuelo durante la prueba de sonido


portada de la antología poética del encuentro


lunes, 17 de abril de 2017

Entrando en el laberinto

Hay viajes que te enseñan a mirar las cosas de forma diferente, a ver las mismas miradas en circunstancias muy alejadas, a naufragar en tus propias fortalezas. Este viaje no iba a ser diferente.

Cruzar un estrecho que separa físicamente una barrera de pensamiento, remueve miedos ancestrales, atraviesa carreteras olvidadas llenas de historias y paisajes de otros tiempos, ver la niebla abrazar las montañas que rodean un pueblo azul en mitad de la nada, un pueblo hecho para la mística y el disfrute de la persona acostumbrada a no salir de su centro de confort. Allí la vida transcurre entre relajado turismo y aldeanos que hacen de su más absoluta cotidianeidad una estampa de foto.





Para buscadores más emocionales ya está Fez y su laberinto de callejuelas donde la vida se gesta a cada minuto y en cada esquina. Una medina con más de nueve mil callejones, el bullicio atestando las calles, caldereros, palacios de mil y una noches cubiertos de polvo olvidado por el tiempo, curtidores, zapateros, una marea de sensaciones, búsquedas con la mirada, interacción en estado puro. No apto para cardíacos, no digno de cualquiera. Una vez atraviesas Bab Bou Jaloud has entrado en la madriguera.




Matar al dragón en su cueva y huir de nuevo a la naturaleza, la que devuelve la nostalgia, la que permite mirar al horizonte para sumergirte en la larga noche de los tiempos. Y encontrarse con Volubilis, los restos mejor conservados de una ciudad romana en Marruecos y que suponen uno de los puntos más alejados de los finos dedos del imperio romano. De Medusas y Hércules, de Calígulas y Caracallas cae el sol para dejarte sumido en una profunda paz, en un eterno descanso, en la sonrisa burlona de unos cuantos locos.



Pero no hay paz, ni fin de viaje sin mar, sin purificación, sin noche paseando entre calles de sal y olas acariciando tu oído. Y si hablamos de mar, y nombramos reyes, hablamos de fenicios, y hablamos de portugueses, y todo eso es Assilah, una medina anclada al mediterráneo de casas encaladas y pespuntes azules saltando por encima de las murallas que convirtieron la ciudad en la Puerta del Mar de la ruta del oro sahariano. El arte final corre a cargo de coloridos murales que artistas de todo el mundo plasman cada año en sus muros, lienzos para la ocasión.



Y volver a Tánger, un balcón de teselas y mosaicos de colores que mira a España con un suspiro pero cuya realidad resulta más prometedora que el presente de sus vecinos, dicen ellos que europeos, digo yo que desahuciados.





Y el mar, siempre al final de todo el mar.