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lunes, 7 de octubre de 2019

Escribir creativamente


Cuando lees, poco a poco, vas entrando en la madriguera de tus pensamientos, te dejas llevar por las voces de otros, por un sueño medio olvidado o por el decorado de una película que no te pertenece y cuando te das cuenta ya has atravesado el espejo que te separa de tu realidad con el sonido de los coches, el tic tac eterno del reloj y el torbellino de los pensamientos que no deja de chillarte en el hipotálamo.

Ya estás dentro del sueño, pero eres un mero espectador, hasta ahora todo está bien pero… ¿Has tenido alguna vez un sueño lúcido? El sueño lúcido es aquel en que el soñador es consciente de estar dentro del sueño y como tal empieza a actuar con total libertad dentro de la lógica soñada. Este acto de voluntad es lo más parecido al acto de escribir, a poder poner voz a una realidad concreta para manipularla y conseguir cambiarla o tan solo describirla para que otro pueda sentirse identificado en tus palabras.

Una vez emprendes el camino de escribir aparece bajo tus pies el abismo de sentirte leído, el mágico, y a la vez doloroso, acto de sentirse escuchado sin necesidad de levantar la voz y la agradable sensación de poder contar cosas muy personales, muy de dentro, a alguien en el momento que él decida sin tener que perseguirlo eternamente por el pasillo de la súplica.

Para ello por supuesto tienes que armarte caballero con pluma o lápiz, estar preparado para hacer malabares con los versos y tener la confianza de apoyarte sobre un fluido vocabulario, sin llegar a lo estrambótico, pero con la ligereza que da saber que tu mejor arma es la palabra, que puedes sentir hacia afuera y fijar la huella de tu pensamiento en cada frase que avanzas.

Y una vez montado al tren de tus ideas bastará saber que géneros puedes practicar para que tu mensaje sea más efectivo, más tuyo… quizás a través del género epistolar, a través del Haiku, del soneto, de la décima, el cuento, la fábula, la novela.

Hay más, mucho más, toda una vida de esfuerzos para meter los pies en ese trastero llamado literatura. Hay que decidir el punto de vista, el contexto y el tiempo verbal, pero de eso están los manuales llenos y poco se habla de hacer de la escritura un juego, que sea divertido, y escribir desde la gramática de la fantasía, o de la patafísica, usando siempre palabras maleta, bolas de nieve y/o lipogramas. Solo así el camino merecerá la pena.





lunes, 29 de julio de 2019

Tiempo al tiempo

Le pediste tiempo al tiempo
y se nubló mi mañana,
arrastrada por el viento
escapaste del tormento
y se secaron mis palabras.

Cada noche que se alarga
el sueño te vencerá
si un verso desata
el hilo de telaraña
que te vuelva a despertar.

Y voy tejiendo
el recuerdo de tu ausencia
olvidando sin piedad,
improvisando,
a mis miedos voy retando
en busca de la verdad,
de mi verdad.

Y no ha llegado,
el descanso no ha llegado,
el consuelo de un abrazo,
un tornado de emociones,
paraíso de canciones,
el desnudo en mi regazo.

Y no ha llegado
el trasiego de tu baile,
mariposas en el aire
y la brisa en tus labios.

No dejes de caminar
el laberinto de mis dudas
que pronto terminará
en el palacio de la luna.

Ya te estoy viendo venir,
voy parando de escribir
para mirarte a los ojos,
Poesía vuelve a mí...

no me dejes nunca solo.


domingo, 20 de abril de 2014

Donde nacen las letras


Hoy las calles de Macondo se han quedado desiertas y el coronel ahora sí que no tiene quien le escriba. Yo no vine aquí a dar un discurso pero la realidad es que está siendo un año duro para la cultura. Hace unas semanas se fue la música… ayer se fue otro mago…el de las letras. El colombiano nos va a dejar tras su marcha cien años de auténtica soledad en los que habrá que releer sus palabras en señal de duelo.

Sin duda puedo decir, sin vergüenza alguna, que fue uno de los pocos escritores que tras leerlos pensé que aún debía madurar para preciar todo lo que quería decirme. Un escritor que escribió ficción sin mucha ciencia, que hablaba muy alto sin dar una sola voz y que era un genio sin la terrible necesidad de la soberbia.

Nos hizo vivir del amor incluso en tiempos del cólera, a través de la memoria de sus putas tristes y cuando ya no podía vivir para contarla decidió marcharse como la hojarasca y darnos la última crónica de una muerte anunciada.

Y aquí estoy yo, en el otoño del patriarca, lanzando una botella al mar para el dios de las palabras, donde darle las gracias al bueno de Gabo por dejarnos un legado tan amplio y tan rico, tan espejo del sentimiento humano que ni una sola de sus novelas puede pasar por un frívolo ejercicio de gramática. Así que solo queda esperar a ver si en agosto nos vemos para leer tu obra póstuma o si volveremos a Macondo.

Recordar es fácil para el que tiene memoria, pero olvidar es difícil para el que tiene corazón.