Mostrando entradas con la etiqueta pensamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pensamiento. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de enero de 2020

Sueños mistéricos


Anoche me desperté sobresaltado. Lo más extraño de todo es que recordaba lo que había estado soñando, cosa que no me suele pasar, pero que cuando pasa suele ser bastante dadaísta a la par que apocalíptico. En este caso no iba a ser menos. Me encontraba dando vueltas en un lugar indeterminado rodeado de gente indeterminada, y por más que intentaba comunicarme me resultaba imposible hacerlo, no lograba hacerme entender y la gente sin rostro me miraba con la cara que se mira a un loco al que tienen miedo.

Así que pronto las calles se vaciaron y yo intentaba guarecerme en un zaguán. Antes de eso una mano vino a salvarme y me llevó con ella. Me puse a toser y sentí dolor en el pecho. Ella puso su mano sobre él y me alivió… los ojos se me agrandaron, el pecho se me infló y yo intenté decirle que la quería…pero ella no lo entendió, y no contestó, y se fue… mientras la veía marcharse una lágrima recorrió la distancia del ojo a los labios y se quedó allí salando mi boca.

Deambulé entre varias calles y al final me encontré de frente con el mar. Había en la playa un sombrero descomunal que hacía las veces de barquilla. Y me eché a la mar con algo parecido a la ilusión y también mucho miedo. En cuanto me alejé de la costa mi estómago empezó a jugarme una mala pasada y empecé a vomitar un torrente de letras sin poder parar, sin contención, sin remedio.

Me temblaba todo el cuerpo y estaba sin ropa, mientras una lluvia fina me calaba hasta los huesos. Aún no he hecho interpretaciones, aunque voy a buscar respuestas a este sueño a ver dónde me lleva…

Nunca dejará de sorprenderme ese medio enigmático y traicionero que habita en los reinos de Morfeo y del que salen muchas verdades sumergidas que merece la pena poner sobre la mesa para evolucionar.



lunes, 7 de octubre de 2019

Escribir creativamente


Cuando lees, poco a poco, vas entrando en la madriguera de tus pensamientos, te dejas llevar por las voces de otros, por un sueño medio olvidado o por el decorado de una película que no te pertenece y cuando te das cuenta ya has atravesado el espejo que te separa de tu realidad con el sonido de los coches, el tic tac eterno del reloj y el torbellino de los pensamientos que no deja de chillarte en el hipotálamo.

Ya estás dentro del sueño, pero eres un mero espectador, hasta ahora todo está bien pero… ¿Has tenido alguna vez un sueño lúcido? El sueño lúcido es aquel en que el soñador es consciente de estar dentro del sueño y como tal empieza a actuar con total libertad dentro de la lógica soñada. Este acto de voluntad es lo más parecido al acto de escribir, a poder poner voz a una realidad concreta para manipularla y conseguir cambiarla o tan solo describirla para que otro pueda sentirse identificado en tus palabras.

Una vez emprendes el camino de escribir aparece bajo tus pies el abismo de sentirte leído, el mágico, y a la vez doloroso, acto de sentirse escuchado sin necesidad de levantar la voz y la agradable sensación de poder contar cosas muy personales, muy de dentro, a alguien en el momento que él decida sin tener que perseguirlo eternamente por el pasillo de la súplica.

Para ello por supuesto tienes que armarte caballero con pluma o lápiz, estar preparado para hacer malabares con los versos y tener la confianza de apoyarte sobre un fluido vocabulario, sin llegar a lo estrambótico, pero con la ligereza que da saber que tu mejor arma es la palabra, que puedes sentir hacia afuera y fijar la huella de tu pensamiento en cada frase que avanzas.

Y una vez montado al tren de tus ideas bastará saber que géneros puedes practicar para que tu mensaje sea más efectivo, más tuyo… quizás a través del género epistolar, a través del Haiku, del soneto, de la décima, el cuento, la fábula, la novela.

Hay más, mucho más, toda una vida de esfuerzos para meter los pies en ese trastero llamado literatura. Hay que decidir el punto de vista, el contexto y el tiempo verbal, pero de eso están los manuales llenos y poco se habla de hacer de la escritura un juego, que sea divertido, y escribir desde la gramática de la fantasía, o de la patafísica, usando siempre palabras maleta, bolas de nieve y/o lipogramas. Solo así el camino merecerá la pena.





domingo, 29 de septiembre de 2019

¿Pero qué coño te pasa?


El clima, ese plato de pasta que se está pasando delante de nuestras narices, está entrando en fase de recalentamiento y tú ¿a qué te dedicas? ¿Qué está pasando por esa cabeza? ¿Cuándo vas a bajarte de esa carrera de fondo hacia no se sabe dónde? Es obvio que quiero hacerte sentir culpable, que quiero romper un plato de porcelana en tu cabeza aún a riesgo de saber que el único perjudicado será el plato… escribo esto descargando de una forma semiautómatica toda mi furia sobre un teclado deseando que lo leas y te pongas a contar toda la basura que generas hasta llenarte los bolsillos con tu propia mierda, que no arregles los problemas del mundo desde una barra mientras sigues trabajando para un sistema que puja por destrozarte y que te metas las colillas en el culo cuando fumes en la playa, así le adelantarás trabajo a tu colon…

Probablemente esta sea la reflexión más ácida que hago, probablemente tenga poco de reflexión y mucho de víscera, probablemente… hay días en que quiero ver arder el mundo… y es eso justo lo que pasa y resulta que a estas alturas quizás no haga tanta gracia esa mítica frase de Ilsa Lund a Rick Blaine que dice “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos” porque por lo que yo he podido ver en las calles hay sitios donde ni siquiera parece que el mundo se derrumbe o tenemos tanto miedo al desastre que nos quedamos agazapados en las madrigueras, con los televisores y videojuegos a toda mecha y nuestros deseos tan vestidos de domingo, tan escasos de sueño y patria que a veces me da la sensación que es más fácil ser malo que bueno, mediocre que excelso, y que el consciente en su ímpetu por florecer pierde la batalla y la vida y va desabrochando poco a poco su alma sobre cualquier cañería. Y al final parece que por más alto que saltes otros estarán siempre mirando hacia otros lados, la mitad de las veces a una jodida pantalla.

 Al final de la escapada seguiré buscando ese infierno florido, esa vulgar disidencia de cielos estrellados y ojos brillantes de sueños idealistas, que al final lo que no te mata te hace más fuerte, y que el futuro ya puede venir a buscarme con sus inexorables manijas de hierro y cristal que aquí lo espero palabra en ristre, la mirada encendida, la barbilla levantada y no estoy dispuesto a regalarle un segundo de desidia.

Beatus ille que encuentra su locus amoenus, ya que Tempus fugit, así que Carpe diem, porque Memento mori,  y como alea iacta est, gaudeamus igitur, Hic et nunc porque forest fortuna adiuvat y aunque Amor omnia vincit recuerda que Ars longa, vita brevis y que amare et sapere vix deo conceditur.

Si piensas que no puedes cambiar nada ya has perdido la batalla, si sólo buscas lo que te conviene ya has perdido la consciencia.



lunes, 29 de julio de 2019

Tiempo al tiempo

Le pediste tiempo al tiempo
y se nubló mi mañana,
arrastrada por el viento
escapaste del tormento
y se secaron mis palabras.

Cada noche que se alarga
el sueño te vencerá
si un verso desata
el hilo de telaraña
que te vuelva a despertar.

Y voy tejiendo
el recuerdo de tu ausencia
olvidando sin piedad,
improvisando,
a mis miedos voy retando
en busca de la verdad,
de mi verdad.

Y no ha llegado,
el descanso no ha llegado,
el consuelo de un abrazo,
un tornado de emociones,
paraíso de canciones,
el desnudo en mi regazo.

Y no ha llegado
el trasiego de tu baile,
mariposas en el aire
y la brisa en tus labios.

No dejes de caminar
el laberinto de mis dudas
que pronto terminará
en el palacio de la luna.

Ya te estoy viendo venir,
voy parando de escribir
para mirarte a los ojos,
Poesía vuelve a mí...

no me dejes nunca solo.


jueves, 4 de abril de 2019

Como hacerse de oro...


Hoy traigo el ejemplo más claro de como alguien llega a hacerse de oro. Seguro que muchos leerán esta reflexión con ansia de ponerla en práctica, luego con escepticismo y finalmente con frustración. Si no abandonan y continúan hasta el final quizás vean un resquicio de esperanza al fondo. Lo primero es confirmar dos premisas, que nadie se hace de oro de la noche a la mañana, y la segunda, el que es oro es porque ya lo era antes de que alguien viniera a confirmarle que lo era. Explicados estos dos aperitivos continuo mi discurso

Hoy me he levantado con una sonrisa radiante, con la alegría en el cuerpo de que un tribunal europeo me confirme lo que yo ya sabía hace tiempo, que tengo una hermana de oro, ¡de oro puro! En Rimini, Italia, a 3 de abril del 2019, mi hermana se ha llevado una medalla de oro en lo que la ha caracterizado toda su vida, la voluntad férrea de hacer las cosas. No la felicito por el taekwondo, ni por la disciplina marcial que conlleva participar en un campeonato europeo. Más allá de eso creo que su mérito se construye de las pequeñas cosas que moldean en los momentos de duda la clase de persona que es.

Porque llevamos lustros viviendo y sufriendo que los medallistas son personas ganadoras obcecadas en su objetivo, que ha creado una generación de sufridores abnegados que a veces roza la egolatría asocial escondidos en sus interminables entrenamientos, sus dietas animalescas y cayendo, en muchos casos de élite lo hemos visto, en drogadicción química para sostener un imperio en el aire.

En este caso, el oro se lo lleva alguien para lo que esto del taekwondo es siempre una segunda opción. El oro es para la que consiguió su cinturón negro con vida ya en su vientre, la que mientras imparte sus clases mira con el rabillo del ojo el móvil por si suena la batseñal de que algo le ocurre a su pequeño patrimonio carnal, la que se cuelga una medalla de oro con bracitos de niña cada tarde que llega a casa después de entrenar.

No se le entrega una medalla de oro, se le entrega una bombona de oxígeno para continuar la lucha, se le otorga la confirmación de que sus esfuerzos, a veces más allá de lo extraordinario, valían su peso en oro, le devuelven aquella sonrisa que se le caía las tardes en que dudaba de todo y pretendía no competir, no clasificarse, no viajar al europeo, no dejar ni un segundo el endémico puesto de madre.

¿Eso es todo? ¿Alguien pensó por algún momento que iba a hablar de dinero? por supuesto que sí, partiendo de la base de que el tiempo es oro y se paga con pactos. Pactamos para darle nuestro tiempo a otros, unos por un rato, otros de por vida, y a veces no nos damos cuenta de la trampa de que no hay negocio honesto, ni trigo limpio, ni tiempo para todo.

No habría oro si no hubiera padres batallando en la retaguardia, si su comprensión de que todos los caminos de la vida se hacen por voluntad propia y no por unas directrices basadas en un pacto contraído antes del nacimiento, si los abrazos que recibimos de pequeños hubieran estrangulado nuestra libertad en vez de darnos alas para soñar, si el fracaso hubiera estado alguna vez manchado de culpas.

Ese es el milagro del éxito, cuando llega, y de la vida donde no siempre es oro todo lo que reluce.



viernes, 6 de diciembre de 2013

El abismo que nos separa...

Nuestra vida transcurre  como una campana de Gauss, parte de la nada en una infancia anodina que se encarga de darnos los datos técnicos que van a gobernar nuestras vidas hasta el  día en que la curva se acelera, nos remonta a las nubes, todo empieza a cuadrar, nos empezamos a conocer, empezamos a saber cuáles son nuestros fuertes, nos tropezamos y nos equivocamos, empezamos a elevarnos y a respirar libres, hacer picnic en las nubes y ver nuestra tierra a lo lejos. En este vuelo sin motor viajamos por los senderos de nuestra consciencia, conocemos otra gente, otras culturas, vamos librándonos de prejuicios y llenando los bolsillos de manías. Un día cualquiera oteamos  en el horizonte una sombra negra, un talud escarpado en mitad de la explanada y una profunda sima a la que no vemos fin, un eterno abismo y una corriente de aire gélido que se nos incrusta en la columna.
El abismo es la cresta de la ola, el adiós a una época, el trasunto del pasado y el punto de inflexión del futuro. No hay una edad establecida para sentir el abismo, para sentir la llamada o la repulsa, pero está ahí para devorarte, para convertirse en tu larga travesía por el desierto, el torbellino que quiere arrojarte al malvado reino de Oz. Y tendrás que poner toda la carne en el asador, aferrarte a tus valores cultivados a lo largo de los años y confiar en que son los buenos porque si no vete a saber dónde vas a ir a parar.
Hay muchas formas de afrontar el abismo y hay un bonito fragmento de una historia encontrada en un antiguo cartapacio bizantino que dice así:

 “...el abismo siempre ha existido así, tal cual lo ves, en mitad de la vida de todos, en mitad del camino y según qué persona seas tendrás un tipo de relación con él.
 En primer lugar existen los cazadores de tesoros, personas inquietas, dinámicas, trabajadoras, muy serviles y también curiosos, que en cuanto sienten el abismo corren deprisa a ver qué se puede atisbar desde el filo de su precipicio. Por alguna razón saben, sienten, que cerca del abismo se cuecen cosas maravillosas para la vida y corretean arriba y abajo cerca del borde buscando ese algo. Sufren el abismo durante toda su vida porque saben que siempre están ahí al filo de lo imposible y que al otro lado hay más, sin decidirse entre aquí y ahora o allí y quién sabe.
También existen los creadores de sueños, los que desde una temprana edad son conscientes del abismo, se nutren, se preparan para el día del gran salto y su imaginación los hace ver cosas que solo podrían existir al otro lado de la oscuridad. Son determinados, egocéntricos y férreos en sus costumbres y nunca van a dejar que algo les impida intentarlo. Son ante todo osados, imperturbables e imaginativos, se dedican a buscar materiales para construir un puente hacia el otro lado y llevan su vida en una mochila.
En último lugar existen las personas ajenas a esta realidad, temerosos todos ellos de dios, que lo evitan, lo repudian y lo olvidan, construyen sus casas cerca de sus pertenencias y no se alejan mucho del cauce de los ríos. Podrían parecer que estas personas viven felices y ajenas al abismo, pero no es así, el abismo late en sus sienes en las noches oscuras sin luna, en el nacimiento de cada hijo y en los noticiarios de sucesos..."

Los conflictos están servidos, no hay dos personas que sientan el abismo de la misma forma, unos lo temen, otros lo idolatran y otros lo retan, cuando los temerosos coartan a los buscadores estos se sienten esclavizados, cuando los creadores tiran de un temeroso lo disocian y cuando los buscadores se acercan demasiado a un creador corren el riesgo de caerse. Así es la vida, así son los miedos, así da vueltas la ruleta del mundo. Acércate, siéntate al borde del abismo, siéntete y piensa cuál es tu relación con él, sin miedo, con paciencia, elije tu lugar, olvida lo demás, deja de ser persona y conviértete en idea, en luz pura y decide tu destino.