"La función del escritor siempre basculó entre la del compromiso social y la del goce estético. Desde el primer día que agarré un papel y un bolígrafo con la firme intención de dedicarme a este viejo oficio procuré cumplir con las dos. Me resulta, incluso antes que un oficio, una necesidad recrear la belleza en cualquiera de sus formas, tanto para denunciar todo aquello que en mi mundo y mi tiempo se me antoja mejorable. Siempre he admitido la crítica porque es de lo que más me alimento para seguir aprendiendo, para mirar las cosas desde perspectivas nuevas y distintas. Incluso cuando he recibido algún insulto me he planteado su por qué, pues nunca descarto haber sido yo quien haya metido la pata y haya abierto una herida injusta donde no debía o no quería. Al igual que a Chaplin, a mí también me encanta sentir la deliciosa libertad de equivocarme (para rectificar, se entiende). El problema surge cuando me leen quienes, además de no saber leer, no mantienen el mismo sentido de la autocrítica. Entonces es cuando aparece lo que desafortunadamente muchos llaman "polémica", que en la mayoría de los casos no es más que el enfrentamiento entre un punto de vista razonable o razonado y otro punto que, por irracional, ni siquiera es de vista.
Las redes sociales han hecho posible la participación activa en el universo de la opinión de mucha gente que sabe lo que dice... y de otra que no. Si me apuras, más del segundo grupo que del primero. O a lo mejor, como los más brutos siempre son los que hacen más ruido, es que me da esa impresión.
A propósito de estos artículos, y eso que yo ya ando curado de espantos, he conocido y descubierto de manera más triste, real y profunda la auténtica dimensión de la ignorancia y la incultura, de la brutalidad, el fanatismo y la locura en sus expresiones más lamentables: un desgarrado argumento a favor de la desesperanza para la construcción de una sociedad más justa y adulta. Quien siembra vientos recoge tempestades, es cierto. Pero los hay que siembran tempestades directamente, y luego enfurecen cuando les roza el aire. Y responden volviendo a sembrar tempestades iguales o mayores, por si en el aire del que hablo quedase alguna duda acerca de su calaña..."
Juan Carlos Aragón
Los últimos versos del capitán veneno, 2015
Cito hoy las palabras, los vientos o venenos, de otro, del Único, genio de las palabras e inquebrantable defensor del orden social, patriarca de una Chusma Selecta, un Prometeo de la cultura gaditana y tantos otros títulos reales o ficticios de los que podría ser poseedor. Ayer deambulando por las librerías de Cádiz me encontré con este tesoro velado, esta ínfima porción de genio, este pasaporte al pensamiento culto.
Anoche no pude dejar de leerlo hasta bien entrada la madrugada... y hoy mastico una a una sus palabras y las más inoportunas, las que se quedan haciendo surcos en la garganta, las he sacado para airearlas en el cordel de mi memoria.
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sábado, 10 de agosto de 2019
jueves, 4 de abril de 2019
Como hacerse de oro...
Hoy traigo el ejemplo más claro de como alguien llega a hacerse de oro. Seguro que muchos leerán esta reflexión con ansia de ponerla en práctica, luego con escepticismo y finalmente con frustración. Si no abandonan y continúan hasta el final quizás vean un resquicio de esperanza al fondo. Lo primero es confirmar dos premisas, que nadie se hace de oro de la noche a la mañana, y la segunda, el que es oro es porque ya lo era antes de que alguien viniera a confirmarle que lo era. Explicados estos dos aperitivos continuo mi discurso
Hoy me
he levantado con una sonrisa radiante, con la alegría en el cuerpo de que un
tribunal europeo me confirme lo que yo ya sabía hace tiempo, que tengo una hermana
de oro, ¡de oro puro! En Rimini, Italia, a 3 de abril del 2019, mi hermana se
ha llevado una medalla de oro en lo que la ha caracterizado toda su vida, la
voluntad férrea de hacer las cosas. No la felicito por el taekwondo, ni por la
disciplina marcial que conlleva participar en un campeonato europeo. Más allá
de eso creo que su mérito se construye de las pequeñas cosas que moldean en los
momentos de duda la clase de persona que es.
Porque
llevamos lustros viviendo y sufriendo que los medallistas son personas ganadoras obcecadas en su objetivo, que ha creado una generación de sufridores abnegados
que a veces roza la egolatría asocial escondidos en sus interminables
entrenamientos, sus dietas animalescas y cayendo, en muchos casos de élite lo
hemos visto, en drogadicción química para sostener un imperio en el aire.
En este
caso, el oro se lo lleva alguien para lo que esto del taekwondo es siempre una
segunda opción. El oro es para la que consiguió su cinturón negro con vida ya
en su vientre, la que mientras imparte sus clases mira con el rabillo del ojo
el móvil por si suena la batseñal de que algo le ocurre a su pequeño patrimonio carnal, la que se cuelga una medalla de oro con bracitos de niña cada tarde que
llega a casa después de entrenar.
No se
le entrega una medalla de oro, se le entrega una bombona de oxígeno para continuar
la lucha, se le otorga la confirmación de que sus esfuerzos, a veces más allá
de lo extraordinario, valían su peso en oro, le devuelven aquella sonrisa que
se le caía las tardes en que dudaba de todo y pretendía no competir, no
clasificarse, no viajar al europeo, no dejar ni un segundo el endémico puesto
de madre.
¿Eso es todo? ¿Alguien pensó por algún momento que iba a hablar de dinero? por supuesto que sí, partiendo de la base de que el tiempo es oro y se paga con pactos. Pactamos para darle nuestro tiempo a otros, unos por un rato, otros de por vida, y a veces no nos damos cuenta de la trampa de que no hay negocio honesto, ni trigo limpio, ni tiempo para todo.
No
habría oro si no hubiera padres batallando en la retaguardia, si su comprensión
de que todos los caminos de la vida se hacen por voluntad propia y no por unas
directrices basadas en un pacto contraído antes del nacimiento, si los abrazos
que recibimos de pequeños hubieran estrangulado nuestra libertad en vez de
darnos alas para soñar, si el fracaso hubiera estado alguna vez manchado de
culpas.
Ese es
el milagro del éxito, cuando llega, y de la vida donde no siempre es oro todo
lo que reluce.
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domingo, 26 de agosto de 2018
Como salidos de un libro...
Anoche volví a soñar con Castellar. Llevaba tres días
viviendo en una continua urgencia, trabajos, presupuestos, compras, visitas
familiares, hasta ahí el trasiego normal de la vida, pero cuando llegaba la
noche y me tumbaba en la cama el sueño no llegaba, quizás estaba nervioso
porque no sabía ya como solapar eventos, conciliar amistad con profesionalidad,
deber con deseo. Si a eso sumas que trabajas con un esmerado grupo de
profesionales, de esos que necesitas horas para que te sigan contando cosas
fascinantes, el desgaste es mayor pero ganas la recompensa de la mirada.
Estos tres días he trabajado a altas horas de la mañana, he
ensayado (sí, aunque el teatro ocupa casi un 30 por ciento de lo que leo, subirse
a las tablas siempre lo he dejado para gente que ilumina a los demás con la luz
de su mirada), he ensamblado tablas al calor del mediodía y me he dejado llevar
por el rumor de un río de emoción que con los días sonaba más y más fuerte.
Y anoche, al fin, pude soñar. Soñé que salía de un libro. Soñé
con George Wells, y vi salir de una máquina del tiempo a dos inventoras asombradas,
una tropa de mercenarios con el escudo de Castellar que descargan la sonrisa
por donde quiera que desfilaban, a su
señor, Don Juan Arias de Saavedra, con el ceño fruncido y la palabra encendida
y a una juglar que paraba el tiempo con la dulzura de su voz.
Como ocurre a veces en los sueños todo empezó a volverse
confuso e hilarante, y miraba alrededor y eran las calles de mi pueblo, pero
miraba entre los jardines y veía mesoneras ofreciendo vino, aldeanos medievales
vendiendo quesos, vino y toda clase de productos locales, vi al herrero
golpeando el hierro, un joven tocando el contrabajo y un pueblo bailando junto
y lanzando sus manos a los visitantes para que sean muchos más los que bailen
la próxima danza del fuego.
Al amparo de la noche cada vez que alguien encendía una vela
nacía una nueva estrella en Castellar, arriba, abajo, qué más da cuando el
deseo es el mismo. Cuando Prometeo legó el fuego a los hombres, lo dio para
todos, no para que unos hicieran de él su escudo y otros su arma. Y con la
noche en el aire, el suelo encendido, los teatros entreteniendo a la gente y la
bruja lanzando hechizos desde las sombras llegó el desenlace de mi sueño, en el
que recuerdo que salí de un libro, con gorguera y pluma, de negro riguroso, que
me llamaban Cervantes, o Fervantes, que el pasado se peleaba con el presente, y
que mi intención en aquella disputa era que el futuro fuera menos combativo y
mas cultivado y por supuesto menos solitario, porque solo con el apoyo
constante se pueden hacer cosas cada vez más grandes, subir montañas más altas,
conocer más y mejores cosas. Todo bajo la magia invisible de una buena dirección
y una ejemplar producción, que son los hilos invisibles, el esqueleto de
titanio, de toda obra de arte.
Y como de Cervantes va la cosa quisiera poner en evidencia
una frase del Maestro que dice así: “El
sueño es el alivio de las miserias para los que sufren despiertos, pero sea
moderado en su sueño; que el que no madruga con el sol no goza del día” y
es así como fui despertando del sueño eterno mirando los ojos circunspectos,
cansados, del ánimo desparramado de aquellos que no solo durante una noche,
sino que lo hacen el resto de sus días, pusieron el corazón en sus manos, una
gran frase de una excepcional amiga, gran ausente anoche. Y es que eso de poner
el corazón en la mano es tan gráfico, porque si con el corazón en tus manos
intentas golpear los sueños de otro pronto te darás cuenta que serás el primero
en salir sangrando.
Ya sabéis que soy muy de historias, de poner dedos en llagas
y cauterizar con letras mis heridas del alma. Anoche viví, además de todo lo
anterior que ya es inmenso, una pequeña historia, una historia de magia,
ingenua y fascinante. Me dejó marcado, me arañó por dentro, esas cosas que pasan
cuando estás tan metido en lo evidente, en lo racional, que un soplo de magia
se queda para siempre a un suspiro de tu pensamiento. Como me he dado, circunstancialmente, a esto de
la interpretación no voy a escribir esta historia, por ahora, pero si me tienes
delante, al calor de una copa de vino, te la contaré, con pelos y señales, y
entonces, todo lo grande, todo el despliegue físico, las horas de duermevela,
los nervios mordiendo el estómago. Solo entonces, todo vuelve a tener sentido.
Y es que la historia la escribimos todos, y no existe libro
donde este todo el conocimiento eterno y universal, ni bálsamo de fierabrás ni
yelmo de mambrino que te salve de lo malo, pero para eso hay que seguir viviendo
el sueño, seguir soñando la vida como si hubieras salido de un libro.
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viernes, 6 de julio de 2018
Donde anidan los sueños
Aunque no soy muy dado a recordar mis sueños, hace algún
tiempo tuve uno que recuerdo muy nítidamente. Algunos allegados me han oído
hablar de él como si hubiera venido a mí de una forma profética. Lo adorno con
ojos ávidos por la emoción que desgrana su historia, por lo que dice, y lo que
no dice, de mí y porque enseña algunos recovecos de mis pensamientos más
urgentes. Lo adopté como una bandera, me inyecta un veneno en la sangre que me reconcilia
con mis ascendentes.
Esto, unido a otras catástrofes de la vida, me llevó a tomar
una decisión. No era una elección cualquiera. Era una de esas que levantan
ampollas donde nadie las ve, de esas que te dejan los cimientos como un
colador, las que te llevan a un destino para el que no sabes que equipaje
llevar en una maleta llena de huesos del pasado, ecos de presente y pespuntes
mal hilados de incierto futuro.
Hace poco, desde que tomé esa decisión, la configuración de
mi vida ha cambiado de cero a cien sin freno de mano que la sustente. Desde
entonces han caído reinos, he sentido la fría aguja de la incomprensión, he
sentido lazos que se han convertido casi en pilares de mi propio pensamiento y he reiniciado un camino, un paisaje único,hacia una porción de cielo, rodeado de maleza que había que segar, limpiar y guardar antes
de que el viento de otras tormentas, de otras hogueras, se encargaran de
calcinar.
Y heme aquí, en el epicentro de mi propia vida tratando de
generar una nueva forma de vida, un cayado que sustente un palacio que de tanta
letra se ha quedado iletrado, un tafetán de verdes ramas de un fresno que se
deshoja ante mis ojos, un ir y venir de voces que dicen, hacen, deshacen, ríen
y juegan a saber que pasa por mi cabeza,
aliviada del peso de mi propia incertidumbre y un puzle de metáforas que
siempre han sido el escudo de mi lenguaje para contarlo todo, lanzarlo al aire
como semillas, sin aclararte si son semillas de sandía, de amapola o de luz.
Y así he vuelto a la luz de mis propias historias, de mis juegos de niño para conseguir a mí alrededor un universo personal y de mi propio perfeccionismo
que a veces roza la ingenuidad. Bajo el ungüento de poder tumbarme sobre la
hierba, como hago en el momento que pienso estas palabras, en mi jardín
particular de los senderos que se bifurcan, veo que después de girar ciento
ochenta grados en mi peregrinaje todo lo bueno permanece y todo lo malo se
aleja, que las escamas de dragón que tan comúnmente me acompañaban,
probablemente eran un escudo a males mayores, se relajan y caen a mis pies
rendidas por tantos esfuerzos y que al levantar la vista veo el hilo rojo… esa
patraña que nos vendieron de que estamos enganchados a un cable rojo que
estuvo, está y estará para siempre anclado en el corazón de otra persona.
Existen esos cables, pero esos cables alimentan el alma y son
de quita y pon, y cada cierto tiempo o los cables se regeneran o la
comunicación se rompe, y no es cuestión de armarse de valor y romper con los
cables que nos provocan electroshocks, sino que más prometedora será la vida
que a su alrededor consiga el mejor torbellino de cables, unos rojos, otros
azules, muchos verdes, el tuyo naranja, el de aquel tirando a gris y convertir
tu línea de vida en un trasunto alegre
de colores en vez de un cementerio de prisas.
Y para que la prisa se vaya y la vida siga, remarco la
importancia del aquí, la importancia del ahora, del esfuerzo, del trabajo
interior .Sí, esto también lo propone el mindfullness y otras tantas doctrinas “moernas”
que beben superfluamente de filosofías milenarias para convertirse en un
remedio de “todo a cien” para gente estresada que prefiere pagar para que le “ayuden”
a meditar que atreverse a lanzarse a los abismos de su mente a trabajar su
subconsciente).
En esta “mesa de trabajo” se han organizado exposiciones, se
ha pintado, se han construido máquinas extrañas, se han escrito cortos, se han
ensayado conciertos, se ha hablado de psicología, de literatura, de arte,
fotografía y magia, de negocios posibles e imposibles, pero sobre todo se ha
comido, se ha tomado café en alargadas sobremesas, se ha reído y se ha
respetado el momento, el aquí, el ahora.
Probablemente se puede sobrevivir en cualquier lugar del
mundo, pero para vivir el aquí, el ahora, de una forma consciente hay que saber
interpretar tus sueños.
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miércoles, 16 de agosto de 2017
Estrellas de Aruh
En tiempos de Al-Andalus la fortaleza que hoy ocupa el
pueblo de Castellar de la Frontera era llamada Aruh, con la denominación Iqlim,
palabra con la que se reconocían a las unidades territoriales pertenecientes a
un castillo, consolidándose como uno de los puntos estratégicos de la Cora de
Al-Yazirat perteneciente al califato de Córdoba.
Fueron tiempos de esplendor cultural bajo el influjo del legado
andalusí y las profundas raíces que dejaron tanto los pueblos iberos y
turdetanos, romanos, almorávides y almohades a lo largo de los años donde la
presencia de muladíes nunca desapareció. Los muladíes eran pobladores que
aunque no eran musulmanes, ya fueran iberos, hebreos o hispanovisigodos, convivían y
aceptaban las costumbres musulmanas.
Esto dota a la villa de lo que siempre ha sido, un
emplazamiento donde diferentes culturas han convivido, y es que la tierra no es
de quien la posee, sino de quien la sueña y el tiempo no es otra cosa sino el
juez que va poniendo a cada cual en su lugar.
El próximo sábado Aruh volverá a brillar con la luz de su
glorioso pasado andalusí, y para ello se van a encender 5.000 velas para
iluminar las calles de la villa, si el viento nos perdona el atrevimiento, y en
sus calles se oirán ecos de otros tiempos.
Para mayor gloria del evento la música viene del grupo
Serena Strings con su cantante, y buena amiga mía, Liona Hotta, israelí de
origen y algecireña de adopción, cuya voz nos deleitará con música Sefardí tan exquisita como necesaria para entender que
el pueblo que no canta sus males no espanta, con una compilación de música y
letras de textos tanto populares como espirituales que la comunidad hebrea
difundió durante sus años de diáspora mezclándolos con canciones populares pero que siguen encerrando en su interior un gran significado cabalístico.
Os espero, si tenéis la más mínima posibilidad, en
Hisn-Lawra del Iqlim de Aruh, de la Cora de Al-Yazirat para viajar al pasado a
la luz de las estrellas, a la sombra de nuestros miedos, al susurro del canto
sefardí, al latido de más de dos mil años de historia.
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