viernes, 2 de septiembre de 2016

Autorretrato para encontrarse

Siempre de camino, hacia el fin de la tierra, hacia donde muere el sol, hacía ti, hacia el mar, hacia la certeza que sorprenda a mis dudas jugando a los dados con mi suerte.

Muchos disparates que te llevan a tragar tierra te hacen ver las cosas desde otra perspectiva, con ojos de hormiga y dientes de león y te saca alas de las heridas para volar de nuevo a un nido que se antoja angosto.

Mil veces entres en el laberinto de Cnossos y te enfrentes a tu alter ego astado temiendo romper el hilo de Ariadna que te ancle a los recuerdos de la infancia, al lugar donde fuiste feliz y al que no debieras volver. Pero el camino trazado no tiene puntos de no retorno, cada día hay un sendero exterior que rodea cada autovía, pero no hay horas en la vida para andar todos los caminos, una ojeada, un par de kilómetros y vuelve al hogar que se enfría la cena.

Hasta el día que te caes de tus propios sueños y te despiertas indignado porque alguien puso un cartel de fuera de servicio en el váter de tu consciencia. Y piensas que si fuéramos un poco más Sócrates y menos Julio César encontraríamos un cielo más blando en el que caer. Y hacer del miedo una escalera y del sueño un puente y de la interrupción un nuevo camino. Pero andar por las ramas es arriesgarse a que los cuervos se coman tus ojos y echarse a la mar a convertirse en pasto de los peces.

Y mientras tanto mis dudas siguen jugando a los dados con mi suerte.

miércoles, 6 de abril de 2016

Horror Vacui


¿Quién no ha sufrido alguna vez el miedo al folio en blanco? ¿A quién no se le ha quedado alguna vez la boca seca ante el silencio de una multitud? ¿Seguro qué nunca has tenido la sensación de que algo martilleaba tan insistentemente tu cabeza  que parecía correr el riesgo de salirse de su órbita? ¿De la pérdida inherente de algo? ¿O alguien? El vacío siempre trae a tu cama objetos absurdos, páginas a medio leer o burbujas de nada, porque sentir el vacío es sentir el frío manto gris de la piedra que nos vuelve inermes.

En la antesala del exilio se encuentran los recursos que siempre estuvieron ahí contigo, los que nacieron de tus primeros deseos y se irán a la tumba cosidos como tu propia sombra.

De estos vacíos nace entre tus manos la posibilidad de invocar el horror vacui, el llenar espacios, el cubrir huecos, la verborrea gráfica. No hay copas de más sino quizás de menos, no hay lágrimas de tristeza sino mordeduras de dolor o quién sabe si no son razones de más sino días de menos.

Cualquier camino es el buen camino hasta que no hay camino y toca de nuevo echarse a la mar. A veces hay tres caminos y una nube de moscas dispuestas a no colaborar. Los carteles son indicaciones hasta que la arena tapa la carretera y toca vadear el desierto de los anhelos, con frío, lluvia y escozor de tuétano.

Hagas lo que hagas, si miras al centro del abismo el horror vacui te dirá que sigas hacia adelante, hacia atrás, a la derecha o a la izquierda. Que sigas hacia donde sea, pero sigas. Que pararte es convertirte en estatua de sal y seguir es evitarle un disgusto al destino.


“Los días son para las nubes, las noches para las estrellas”

miércoles, 8 de abril de 2015

Frontera

¿Has Cruzado alguna vez la frontera?

A día de hoy quizás estés invadido por una saciedad que te lanza contra tus más excelsos temores, de usar y tirar, y hacia Polifemos de hierro forjado con grandes nabos industriales. Mientras, por pasar el mal rato, te excitas con el primer contrato que hace temblar tu culo de papel maché. Así de pequeño tiemblas, con tus pequeñas vigas adosadas, deseando aguantar el tirón con las pocas monedas que te quedan en los bolsillos y la cabeza llena de remiendos.

Sabes que una buena idea es capaz de mantenerse a flote en cualquier tempestad. Piensas, pero no te crees.

Sacas el cuaderno de bitácora, lees, necesitas unas buenas manos que garanticen la producción, comprender las estructuras que soportan una aversión, sacar ropa limpia de ensaladas grises, hilvanar necesidades con posibilidades, vicisitudes, garantizar los aparejos en tecnología, burocracia y sociología.

Qué te digo hasta ahora que no sepas…

No te digo, te repito… con imágenes, con recuerdos, con palabras y con gestos.

Qué mayor motivación que la de soñar bajo un árbol de ramas apacibles. ¿A quién no le dejan dormir cifras de seis ceros con alas?

¿Dónde planto semillas de cultura sin el abono de los ricos? ¿Dónde riego para que crezcan raíces sin burocracias podridas? ¿Dónde busco otro buque para pescar sirenas?

A oscuras, con la tenue luz de mis ideas, las experiencias que vinieron, los trenes que se van. Asociaciones idílicas, fundaciones etílicas, proyectos a medio hacer…

Qué se yo…

Ilústrame, mírate, ayúdame, reflexiónate, avísame, mastícate, enséñame y digiérelo. Digo con esto que busco tripulación de necios sobre mares de fibra, dioses de media legua en un Olimpo de segunda y albañiles del conocimiento y de la vida.

Vos diréis…

Sólo veo que tengo unas pocas monedas tintineando en el bolsillo, un agujero en el otro, un ojo de primera con su primo daltónico, un pie detrás de otro, la siniestra desde que escribo. Formación estética, presencia escénica e impresentable conciencia. Un huequito pequeñito en este mundo y mucha rabia encerrada en un trastero. Si en algo no coincides aún conmigo es que no has cruzado la Frontera. Yo voy de camino.

Si te da un poco igual, sólo un poco, estás en el buen sentido.

Nonsense.

Frontera es la línea a la que todo el mundo llega cuando ha rebasado sus límites, pero sin engaños… la Frontera no te va a llevar a ningún lugar desconocido ni fantástico. Por desgracia, lo único que va a enseñarte una frontera es volver a lo que mejor conoces, y eso probablemente no es agradable.
Frontera es una inversión en ninguna parte, es un ahorro de sentimientos, una careta sonriente con ritmo de tres por cuatro que esconde una lágrima…

Frontera es la línea que marca el estado donde nadie más que tu puede pisar.

Frontera, sin duda, es un estado del alma, de conocimiento, de ánimo.

Frontera susurra hasta donde puedes llegar.

Frontera señala a los que ya quedaron atrás.

Frontera es un nuevo giro en la vida.

Frontera es un vacío sin licencia de apertura.

Porque nadie cree tener Frontera, o no cree poder cruzarlas. Hasta que llegan. Llegan las fronteras y las cruzas con un esfuerzo titánico para quemar etapas, para dilapidar el sueño y terminar diciendo que tan solo fue un error que no se volverá a repetir. Y la vuelves a cruzar. Y la vuelves a cruzar. Y al final del camino encontrarás que todo el tiempo anduviste haciendo funambulismo sobre el fino hilo de la Frontera.

¿Has cruzado alguna vez la Frontera? ¿La estás viendo? Quiero enseñártela.

Lanza una moneda al aire. ¿Ha salido cara? Muy bien. Mira con atención. Poco a poco. Sin prisas. Con un vaso en la mano y telarañas en la mirada. ¿Qué habría pasado si hubiera salido cruz? Pues lo mismo. No hay opciones… Tan sólo soy un duende burlón que quiere reírse un rato. Todas las opciones son al final la misma cosa…

Una Frontera.

Hay Fronteras de metal y las hay de fuego. Hay fronteras con cuerpo de mujer y las hay con mirada de lerdo, con navajas y con documentos. Dos hojas mal mecanografiadas pueden convertirse en la más grande Frontera. Hay Fronteras con mayúsculas y otras menos necesarias con minúsculas. 

Quizás en estos momentos delante de ti estés viendo una.

Pero si no tienes miedo, vamos a cruzarla juntos. Vamos a hacer un invento, sin probetas y sin ungüentos. Vamos a hacer desaparecer bombillas para que luego brillen en el fondo de la fuente de los deseos.

Una noche… vamos a cruzar la Frontera.

Y vamos a encontrar lo que hay detrás… una chistera sin conejo, un consuelo sin tormento, una rama que se mece, un billete a mi pueblo…


A la Frontera.


miércoles, 18 de febrero de 2015

En el fondo de la maleta...


No quisiera acostarme esta noche sin hablar de ese pequeño duende llamado entropía.

Dicen que cualquier sistema aislado procede a su desaparición por medio de la entropía. Unos lo llaman caos, otros lo llaman desorden, la verdad no es más que una generación constante de procesos que alguien se manifiesta en resolver o terminan adueñándose de todo el espacio hasta el infinito ya sea el caso de las uñas que no dejan de crecer, el polvo que se acumula o los pequeños objetos que se pierden y nadie sabe a dónde van a parar.

¿Habrá alguna forma de tentar a la suerte para que la entropía se olvide de nosotros? En ese caso sí que podríamos sentarnos tranquilamente mirando el amanecer sin tener la sensación de que a la hora del ocaso el único que ha salido ganando es el reloj que se ha regalado un festín de horas y la entropía que habrá ocupado un poquito más del espacio que nos pertenecía.

Sería muy pesimista decir que nuestra existencia se basa en ser luchadores perpetuos contra esa entropía por el fin de nuestros días pero, es inevitable pensarlo, cuando nos vamos y volvemos la entropía siempre se ha vuelto un poquito más grande y sonriente, y el polvo es más denso, y la bandeja de e-mails está más llena. Así que podríamos decir que sufrimos una condena de difícil solución que se asemeja a la maleta, o piedra, que arrastraba eternamente Sísifo y cuyo tamaño dependerá directamente del número de responsabilidades que buenamente crea cada cual que es capaz de soportar.

Delante de la tumba, desbordada por una entropía elevada a la categoría de arte, de un gran maestro de la reflexión utópica, tuve una pequeña revelación probablemente infundada. Hay dos maneras de transcender más allá de la eterna lucha contra la entropía. Una es no dejar de crear maneras de ordenar el universo y la segunda no permitir que nadie tome demasiado en serio tus palabras porque la seriedad suele ser considerada erróneamente el final del juego.


Jugar a ser capaz de todo es el principio para empezar a buscar soluciones, o a sacar las ideas del fondo de nuestra maleta.

sábado, 10 de enero de 2015

Algo para recordar...

Como cada año, pasan las fiestas y llega la hora de los nuevos propósitos que se convierten en el caballo de batalla de los próximos doce meses. Como el año es largo, arduo y con tendencia a la dispersión, después de la malograda cuesta de los excesos de enero, he creado una máquina. Ya se que esperabais que fuera el teletransporte pero es que no me ha dado tiempo acabarla. Sin embargo esta que os presento es la máquina perfecta para evitar que se nos queden más líneas en el tintero. Este artefacto es el Recordatronic.

Una herramienta de papel envejecido, tirando a vintage, con arandelas y tuercas de desguaces mentales y dibujos y letras de sabe dios donde. El caso es que sirve para grabar mensajes a fuego en la retina. Mi máquina pretende recordarme que este año debo soñar despierto asiduamente, dedicar más tiempo a mi salud, aprender, sonreír y hacerme el tonto, hacer ese viaje alucinante, querer, abrazar, hacer danzar a mis enemigos, escuchar al que tiene algo que decir, crear, superar y jugar a resolver los misterios de la vida.

Si te valen estas premisas te invito a imprimir este prototipo por las dos caras, recortarlo por la línea de puntos, doblarlo tipo acordeón y guardarlo en el bolsillo que más coraje te de. Si es un abrigo seguro que cuando empiece a refrescar, allá por octubre, seguro que te pones el abrigo, te lo encuentras y al instante te vendrán a la mente todas esas cosas que te atormentan en diciembre porque no has hecho en todo el año (mejor tres meses que quince días para rectificar, de nada).

Este año es la niña bonita, vamos a jugárnoslo todo, vamos a ser lo que queremos ser y vamos a conseguirlo. Y para cuando se nos olvide donde esta el sur... Recordatronic Plus!!



sábado, 13 de diciembre de 2014

Si una noche de invierno un viajero...


Hay manos que solo buscan trabajar para encontrar beneficios, pero hay otras, las menos, que guardan tesoros. Si encuentras un par de manos como estas en una tarde de lluvia olvida todo lo que tienes que hacer y deja que ellas te conduzcan por un largo camino de historias.

Puedes sentirte sólo o perdido en mitad de un cruce de caminos. Puede que pienses que en lo que te pasa nadie puede comprender lo que tratas de decir a los cuatro vientos. Puede incluso que te sientas remando contra la corriente de tus propios deseos, agotado, sin fuerzas, sin ganas de levantarte. Quizás te sientas fuera de lugar y lejos del epicentro de tu propia vida, de lo que los demás ven como tu propia vida. Puedes. Y sabes que tienes que... tienes que seguir adelante el camino recto, tienes que estar siempre ahí para quién lo necesite y no vale estar a medias o por horas, porque "tienes que"...
Y puede que un día digas o hayas dicho hasta aquí llegué... y te desinfles viendo una montaña de yolohago, de estopamañana y esocuandoestará... y en el ojo del huracán que lo vuelve todo rojo me sorprendo flotando dulcemente en un mar de calma, paseando sin rumbo dejando que un pequeño duende elija mis pasos hasta ir poco a poco encallando en el arrecife de mi pasado y empezar a disfrutar de un rostro amigo que te sonríe, unas manos queridas que te abrazan, una tarde de lluvia al calor de la estufa y ochenta y una velas por apagar.

Hoy aprendí una lección vital de filosofía. Cada uno tiene su tiempo y le llega a su tiempo. Mientras tanto, trata de comprender mejor a los demás, pero no en la tele ni en los bares ni en las ausencias, sino de soledad a soledad, para acabar comprendiendo mejor tus propios problemas.


jueves, 16 de octubre de 2014

Ese jardín llamado Devenir...

Somos fuego, el principio de todo, el movimiento perpetuo. Agitamos las llamas de rabia si nos avivan, somos capaces de calmar corazones con palabras tibias, de señalar el camino como fuegos fatuos y de fluir vivificadoramente hacia nuestra propia extinción. El Devenir es el reloj de oro que decide cuándo vamos a dejar de echar la leña al fuego que nos enciende y la única razón por la que debemos seguir ardiendo es para convertir esa transpiración en nuestra propia posteridad.

Sangri-La nos espera nostálgicamente escondida detrás del humo que levantamos con nuestras llamaradas. Hay que rasgarse las pieles y buscarse con atención hacia adentro como al que se le ha caído una moneda al suelo. Una vez atravesado el espejo de nuestras propias inseguridades, todo lo demás no es más que un simulacro eterno de senderos que no paran de bifurcarse. Hay que construir entonces esa utopía a base de pespuntes de recuerdo, de perspectivas de futuro y de asambleas continuas con tu ética y tu moral, un vasito de humildad cada ocho horas y una voluntad a prueba de miedos.

Ser utópico no te exime del sufrimiento, de hecho te prepara para él de una forma parecida al budismo, te hace sufrir hasta que la maqueta de tu ciudad ideal está levantada. A partir de ese momento la lucha por levantar los cimientos de tu verdadera Atlántida no va a dejar que veas nada más que trabajo, trabajo y más trabajo y al final del túnel que tú mismo has ideado verás la luz de tus ideas y saldrás al fin de la caverna que alguna vez menciono Platón.

Existen tantas Utopías como utópicos hay, y no podemos elogiar una mejor que la otra ya sea un castillo de papel en la cima de una montaña escarpada, una atlántida de chocolate en un vaso de leche cada mañana o una playa virgen a dos pasos de la civilización. Te corresponde a ti también ser el justo gobernador de tu utopía, no vale pensar que tus cercanos van a levantarla, gobernarla y ponerle nombre. No way. Es condenarse a la eterna ausencia de la completitud.

Los infelices duermen en el pozo ciego de sus propios miedos. Los utópicos construyen islas en un mar de posibilidades.